Cuando hace 16 años nos reunimos por vez primera al calor de Cartagena de Indias y se dejaron puestos los cimientos para la Bienal Iberoamericana de la Comunicación, ¿quién hubiera apostado porque estas convocatorias llegaran a la mayoría de edad, se celebraran sin falta cada dos años, recorriéramos cuatro países, nueve universidades de América Latina, con el mismo estandarte siempre, la bandera de la cordialidad, de la cooperación académica, de la fraternidad universitaria?
Han pasado ya esos 16 años. Fuimos a Cartagena de Indias dos veces, de la mano generosa de Sarita Bozzi; a El Salvador, el país tan grande en sensaciones, invitados por Antonio Herrera, que logró reunir las tres universidades más importantes del país (Don Bosco, Tecnológico y la pública y castigada Universidad de El Salvador), con el apoyo y entusiasmo de la Asociación de Periodistas de El Salvador, la APE.
Hace diez años, la Bienal vino a México, justamente a Puebla, adonde regresamos un decenio después, todos felices por ver crecer a la criatura. La IV Bienal celebrada en la Universidad Las Américas-Puebla fue su primera puesta de largo, tras un infatigable trabajo de Toño Meyer. Después fue el Tecnológico de Monterrey en el Estado de México, otra Bienal de grandes proporciones, la V, cuando empezamos a tener miedo de que la convocatoria se nos fuera de las manos, empezara a exigir una organización profesionalizada.
Allí nació la RAIC, una red académica que pretendía servir de punto de reunión a los profesores latinoamericanos que habían hecho su doctorado en la Universidad de La Laguna, la universidad matriz de todo esto de lo que estamos hablando. Pronto se vio que había otros compañeros que se habían doctorado en otras universidades españolas (Sevilla, Málaga, Santiago, Complutense, Autónoma de Barcelona…) y se abrió el espectro de entrada… para hacerlo inmediatamente con otros profesores que eran doctores por otras universidades. La generosidad de los primeros entusiastas de la Red Académica Iberoamericana de la Comunicación, RAIC, se negó a que los profesores doctores españoles que habían impartidos la docencia en sus programas de doctorado en universidades españolas se quedaran fuera, y la puerta de RAIC se hizo mayor, a la vez que lo hacía la propia RAIC, que ya tiene en su seno a compañeros que hacen su doctorado y que en breve podrán ser miembros de pleno derecho de la red académica.
En México se decidió la VI Bienal de Córdoba, doblemente fraterna República Argentina –por república y por argentina--. Por vez primera nos convocábamos lejos del entorno geográfico de su nacimiento, prueba que fue perfectamente superada por el equipo de Poli, Marijó, Mirta, Susy y nuevas hornadas de profesores jóvenes que se integraban en aquella idea siempre madura y a la vez juvenil, iniciada en las Jornadas La Laguna – América de Comunicación de los años 90, en la isla, la isla de tantas, la isla de tantos compañeros que viajaron para formalizar un sueño en una pirámide de cordialidad y hoy ponen delante de su apellido un brillante Dr. o Dra…
Desde Córdoba, la Bienal, la VII, pasó a Chihuahua, la generosa Chihuahua, que nos hizo olvidar la gran intoxicación informativa de la denominada ‘gripe A’ y entender mejor el alma del pueblo mexicano del desierto y del vecino del Norte. En el Estado de México, Octavio, con mi paisana Amaia, y en Chihuahua Javier nos dejaron conocer de nuevo el espíritu académico del gran país que es México, el territorio de los brazos abiertos y las venas igualmente abiertas por la codicia y la maldad de unos pocos.
Siempre, cada bienal, era y es un baúl de gratos recuerdos, de convivencias formidables, de aportaciones de calidad grande… de planteamientos de proyectos, como el del establecimiento del Programa Latinoamericano de Doctorado en Comunicación, cuyos pasos ya suenan precisamente en Puebla, en una universidad pública que tiene el prefijo más hermoso que puede tener una universidad: la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, con el entusiasmo de Pati a la cabeza de un proyecto que toma forma y que ha de ser la mayor aportación de la RAIC a la universidad latinoamericana. Todo ello, con la idea fija de hacer que el doctorado entre en el camino de la rutina académica sin perder rigor ni calidad, que no sea sólo para unos privilegiados, que sea un título al alcance de quien lo desee y tenga aptitudes intelectuales y de trabajo, que podamos sentar las bases de una ‘universidad del bienestar’, lamentablemente ahora cuando los gobiernos, como el que me toca sufrir en origen, hacen la guerra a sus propios ciudadanos y están por la agria y desdichada labor de liquidar la sociedad del bienestar.
Hemos vuelto a Puebla y nuestros corazones están felices.
Hemos regresado a una nueva bienal, la VIII ya, y a encontrarnos caras amigas y a ver a muchos profesorado joven que se integra en esta red abierta, como abierta y libre ha de ser la universidad que preferimos, en momentos tristes cuando la universidad del futuro la idean los empresarios en sus grandes banquetes de boda económica, ardiendo para que la universidad deje de ser el alma mater de la sociedad y se la apropien también, como han hecho con la política que hacen los profesionales de la política…
Estas líneas, más allá de un haz e reflexiones personales, quiere ser la invitación más cordial para que quienes lo deseen se unan a esta fiesta académica y entusiasta que celebramos cada dos años en honor del rigor universitario y, siempre, en pro de una universidad pública y mejor, con nuestras pequeñas aportaciones para que se mantenga el espíritu primero de la célula universitaria en la res pública.
¡Un fraternal abrazo!
Dr. José Manuel de Pablos Coello
Catedrático de Periodismo – Universidad de La Laguna (Tenerife, Islas Canarias)
Presidente – RAIC, Red Académica Iberoamericana de la Comunicación.